sábado, 1 de octubre de 2016

Quizás.

Quizás nunca fui de ese tipo de chicas
esas de bonita cabellera
de curvas vertiginosas
de brillantes ojos y mirada fija.

De esas que no se esconden de los demás.
De las que miran el mundo a su alrededor con seguridad,
de esas cuya confianza en sí misma es más grande que la que tienen en los demás.

Quizá nunca fui de las que uno se fija cuando pasa por delante.
Soy de esas que se esconden,
creyendo así disimular sus defectos.
Esa que recogía sus pelos de leona en una coleta
creyendo que era peor soltarselos.
Esa chica que se esconde en las sombras y que teme salir a la luz.
De esas que nunca te miran a los ojos y prefieren mirar tus zapatos.
De esas, que con temor a la opinión de los demás, prefieren callar.

Y quizás, y solo quizás, fue eso lo que me faltó y lo que hizo que desencadenará todas las inseguridades que mi subconciente me recuerda a diario.
Y quizás, nunca fui de esas chicas, y quizás nunca lo seré, pero quizás fue esa certeza la que me hizo ser la chica que soy ahora.

La chica que no tiene miedo a actuar si se trata de sus amigos,
la que se ha cansado de llorar y ahora prefiere luchar.

Y aunque a veces todavía le cueste mirarse al espejo,
y sonreír al reflejo,
sin duda alguna ha renacido de sus cenizas.

Sé que sigo sin ser de ese tipo de chicas,
esas de bonita cabellera
de curvas vertiginosas
de brillantes ojos y mirada fija.

Pero sin duda soy de ese tipo de chicas
esas de cabellera de leona al viento
dispuestas a desmelenarse por lo que haga falta
de mirada observadora y ojos curiosos.

De esas que miran el mundo desde lejos
esperando el momento para actuar.
No soy de esas que uno se fija cuando pasa por delante.
Pero en cambio prefiero que mi risa sea suficiente para que noten mi existencia.




Irene.